Sentirse bien, sí, esa sensación, te sientes bien, con el mundo, con tus amigos, contigo misma. Eres feliz, nunca creíste que sería posible, hace unos meses estabas destrozada, no creías en esa palabra, esa sensación, en ese sentimiento. Creías que tenías que vivir sufriendo día tras día, que nadie quería tu felicidad, que solo querían destruirte. Esa sensación que tiene la gente a la que le hacen daño, que se lo hacen de verdad, que juegan con ella, con sus sentimientos, con su felicidad, con su vida... Esa sensación de desamparo, de darlo todo por perdido, de renunciar a todo, no creer en ti misma, pensar que eres inferior a todo y a todos. Pero de repente, en ese momento de nostalgia, cuando no esperas nada, no esperas a nadie, no esperas una solución, no esperas un punto y final a tu sufrimiento y un principio de tu cuento. En ese preciso momento, aparece esa persona, esa persona que le daría la vuelta a tu vida. Esa persona que sin darse cuenta, esa noche, con ese beso, y esa tontería, te hizo la persona más feliz del mundo, te hizo sentir valorada, que valías la pena, que no eras una más, que eras especial, que nadie tenía derecho a hacerte sufrir, que no debías sufrir por nada ni por nadie, que valías más que todo eso, que eres grande, que tienes muchas virtudes que ni siquiera conoces, que eres querida, que te va a querer y que jamás te abandonará.
Ese día fui feliz, ese día, y estos meses. He pasado bajones, pero siempre estaba él para animarme, para sacarme una sonrisa, para hacerme feliz, siempre.
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