viernes, 2 de mayo de 2014

Todo

Todo me recuerda a él. Cada canción, cada lugar, cada momento. Cada lágrima es suya, y cada sonrisa también. Todos sus recuerdos me hacen daño. Hacen daño de lo bonitos que son. Mi habitación me recuerda a él, cada cosa, cada foto. Mi cama me recuerda a él, todo me recuerda a él. Cada risa, cada momento bonito, cada momento divertido. ¿Superarlo? No se si podré. Nunca quise que acabara, pero no podía seguir en esa situación. Esta situación en la que nuestra relación ya no era nuestra, todo giraba alrededor de otras personas, todos querían controlarla... No aguantaba el sufrimiento, no aguantaba la angustia, no aguantaba la impotencia. Tuve una escapatoria y la cogí. Escogí el camino hacia mi felicidad, renunciando a él, renunciando a la persona que era mi vida y que me hacía feliz. Renunciando al sufrimiento de esa relación, en la que me obligaban a todo y no me daban nada. Escogí la escapatoria, hacia algo superfluo, pero que me ayuda a estar bien. Al menos ese tiempo. Cuando vuelvo a estar sola en mi habitación el mundo se me cae, todo es suyo. Y aquí estoy, en un bus, escuchando Let her go, escribiendo esto con mi móvil, pensando en él, como cada uno de estos días a todas horas.

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